Mirame, para saber que aún existo.
Tócame, para tener cuerpo.
Hablame, para recordar mi nombre.
...
Creo que tal vez, y solo tal vez, debería de acabar con esta drogodependencia:
No me mires porque me es imposible respirar.
No me toques porque me hieres.
No me hables porque las palabras se las lleva el viento.
